Infinitud.
mayo 05, 2014
Inmediatamente después de subir al auto mis pies van directamente al salpicadero del asiento pasajero. El niega con su cabeza, pero sonríe. He aprendido que no le molesta si esto lo hago sin zapatos, y lo único que toca su salpicadero en este momento son dos calcetines con dibujos animados color azul turquesa intenso. El gira la llave, toca la palanca de cambios y suelta aire como si lo hubiera estado reteniendo todo este tiempo. Para ese instante mis manos ya se encuentran con el estéreo.
- ¿Algo en especial? - pregunto. Mis dedos se mueven por cuatro estaciones de radio diferentes.
El arranca, mueve el espejo retrovisor y no me mira al quitar su mano derecha del volante para apretar el botón de: "apagar".
- Hay un disco en el maletero - Su voz es tan fría como se supone que debe ser después de un funeral.
Asiento, cociente que no va a ver el gesto y saco el único disco que se puede ver allí. No hurgo, ni veo mas de lo que me cuesta sacar el disco. Así mismo, yo no tardo mas de un minuto en colocarlo cuando la música se eleva por todo el espacio geográfico del auto.
No conozco la canción.
- Puedes subirle- murmura, dando vuelta al volante - Se que quieres hacerlo.
Quería hacerlo.
Cuando mis dedos suben el volumen siento el palpitar de mi asiento, este intercepta mi cuerpo y arrastra todo aquello que me rodea. Inevitablemente siento una calurosa sensación en el centro de mi pecho, es entonces que mis manos convierten mi regazo en una vieja batería. Una como la que solía tocar mas atrás en el tiempo.
El no lleva mucho tiempo manejando cuando me obligo a jugar con la calefacción.
- Abre la ventana - Replica. Inmediatamente mi cuerpo se estremece.
- ¿Perdón?
- Puedes abrirla.
- Pero tu odias....- Mis palabra se atascan en mi garganta cuando se vuelve. Pero no es eso lo que hace que olvide lo que tenia pensado decir, si no el hecho de que el no solo se gira sobre su asiento, aparca el coche en una de las orillas de la carretera y abre todas las ventanas del coche por el mando que tiene como conductor. Encuanime a eso, el baja de a poco el estruendoso sonido de la música que parecía datar de los 70. Retengo aire al ver sus brazos en su camisa blanca hacer todos estos movimientos.
Señala al exterior, por el orificio de mi ventana. Me hace volverme sobre ella.
Puedo ver el mar. Las olas pegan una y otra vez contra un enorme bloque de rocas, cada vez que estas pegan y regresan, la que sigue es aun mas grande, y simula tener mas fuerza.
Suspiro.
- Hermoso.
Silencio seguido del eco de su cinturón de seguridad y el desagradable pitido del automóvil al avisarte que acabas de quitarlo. - Vamos, consigamos una mejor vista.
Estoy segura de que mis ojos se abren demasiado cuando el saca sus llaves y cierra su puerta. Incluso aun no reacciono cuando abre la mía. - La mano.- Sonríe. Le correspondo, pero la confusión y la sensación de estar fuera de lugar no logra desvanecerse de mi garganta.
No suelta mi mano ni siquiera cuando atravesamos lo que beneficia nuestra seguridad en la carretera y tomamos asiento sobre otras rocas fuera de la pista.
La vista, sin embargo, supera cualquiera que haya podido apreciar antes.
- ¿Que pasa? .- pregunto. Lo hago lo mas suave que puedo.
- Acaba de golpearme. - aprieta mis dedos con fuerza. - ...el esta muerto.
Una punzada de dolor atraviesa mi cuerpo.
Miro su rostro por el costado derecho en el que estoy ubicada y aprieto mis labios cuando suelta un gemido y cierra sus ojos.
- Mi hermano, yo... la lla-llamada..yo..no.. no lo soñé, ¿ver-verdad? - su voz es débil. - Estaba ahí, ahí, viendo ese estúpido documento y y y solo-solo escuche esa-sa.. voz de que- sabia que, yo sabia. No podía estar nada bien, yo lo sabia pero, Max, yo no pensé, Max no...
Con ligereza me coloque justo al frente suyo. Sus manos se apretaban con fuerza en dos extremidades de su cabeza, jalando su cabello, sus nudillos blancos, temblando. Su boca tarareando cosas, algunas sin sentido, y otras con tanta coherencia que daba pesar.
Por pasos quite sus manos de cada costado de su nuca, la paciencia es la clave, había dicho mama. Acaricie sus nudillo hasta que estos aflojaron y tornaron de ser blancos a ser de un rojo suave, las removí y puse cada una de ellas en una de mis rodillas, estando yo de cunclillas. Mis manos pasando por su espalda, hasta sus hombros, su cuello, y luego rostro. Su respiración entrecortada y su boca aun moviéndose.
Bese su frente, seguido de un ligero beso en sus labios.
- Alejandro - El levanto su cabeza rápidamente en frenesí. Le sonreí.- ¿Recuerdas esa vez que llevaste a Max a pescar? ¿Como fue ese día? ¿Me lo recuerdas?
El aspiro con fuerza y cerro sus ojos.
- ...El.. realmente no quería ir...- comenzó.
Se sintió como una infinitud de sensaciones cuando su sonrisa volvió a su rostro y su voz adquirió un poco de emoción y dolor. - Estaba tan enojado...
Infinitud de lagrimas caían por sus ojos, como también de los míos.
Quería escuchar. Quería sentirlo. Quería que lo sintiera.
Que lo extrañase y lo amase.
En la infinitud, en su infinitud.
En lo que estuvo y ya no esta.
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Huellitas.