mayo 01, 2014
De repente.
Me pregunto que estarás pensando. Así sin más. Estoy con mi cabeza en cosas que ni remotamente coinciden contigo y de repente me viene de golpe la curiosidad. Como un pensamiento vago que vuela por el aire y de repente lo respiro interceptando a este en conjunto a mis sentidos.
No pienso en ti todo el tiempo, pero cuando lo hago el golpe del recuerdo viene con tanta fuerza que bloqueas el exterior y acaparas mi visión como una nubla salida de la nada. Esta misma, siendo de un material denso, sofocante y no habitable.
No te pienso tan seguido, y es verdad, pero cuando lo hago, aunque sea un choque a mi esencia de tan sólo segundos, viene tan intensa tú -aún existencia- que pierdo por un momento (en lo que me recuperó) mi estabilidad.
No te pienso tan seguido, debes saberlo. No estas en mi memoria todo el tiempo, ni te lloro, extraño o anheló cada segundo en el que me atengo a respirar. No te recuerdo todo el tiempo, inclusive hay días en los que, cuando no entablo una conversación contigo ni siquiera recuerdo que solíamos hablar.
¿Y por qué? Por qué no te recuerdo todo el tiempo, no me das equilibrio, no eres esencial. No te pienso todo el tiempo, pero cuando lo hago, me a traviesa una daga de sensaciones antes experimentadas, y es tan fuerte el golpe, que por unos segundos... Yo dejo de respirar.
Y...
No, no y no... No te recuerdo todo el tiempo, pero al hacerlo, de vez en cuando, es como sí el tiempo restante que no estuviste ahí, se remunerará en la intensidad de un segundo.
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Huellitas.