paz
enero 12, 2022
Moriría.
Y antes de hacerlo escribiría sobre cómo imagino yo que morir se debe sentir.
Como una batería haciendo un drum loop.
La base de una pieza compuesta para el momento en el que cierre mis ojos y no los vuelva abrir.
Te explico como sonaría: Con la música disipándose y violin-e… no.
No habría una orquesta. Solo un loop, un track de un loop.
Y nada más, un loop interminable. Un loop como el que resonaría de fondo en una escena de una persona cayendo a un vacío del que nunca toca fondo. Solo que una escena así si tendría violines, muchos violines (probablemente).
Yo no. Y yo si tocaría fondo.
Tal vez ni siquiera tendría un loop, tal vez tendría silencio. El silencio que tapa los oídos cuando sumerges tu cabeza en el agua.
Ahí aún hay sonido ¿verdad? Un amortiguado, confuso sonido que genera el agua al moverse y el agua se mueve cuando te sumerges en ella, ah, que descubrimiento.
¿Qué sonido haría si..?
Tocar fondo en una caída sonaría como un golpe sordo.
Y morir se sentiría como algo a lo que no le puedes poner sonido. Se escucharía como un silencio insoportable y al final como el burbujeo que hace el agua cuando intentas respirar en ella, o como un golpe simple de tu cuerpo rompiéndose al tocar el piso o el ‘crack’ que harían los huesos de un cráneo cuando una bala lo atraviesa.
Me imagino que morir se debe sentir como algo que ningún compositor podría musicalizar y como espacios vacíos que ningún poeta llenaría. Sin color, sin sonido, sin letras.
Y después… Cuando la muerte sea auténtica. Ese silencio se prolongaría por solo unos segundos más, unos pocos, como el 1, 2, 3 que suelen hacer los bateristas de bandas de rock antes de empezar su primera canción. Justo cuando yo ya no respire.
Ahí empieza la música.
Y en mi imaginación.. no existe composición más espectacular, espléndida y preciosa que la que ya no podría escuchar.
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Huellitas.